Cuando mi día a día funciona en modo “burocrático”
Hay días en los que siento que mi vida funciona exactamente igual que un centro educativo burocrático. Todo está marcado por horarios, normas, fechas límite y papeles invisibles que hay que cumplir sí o sí. La universidad, el trabajo, las prácticas, los correos que hay que contestar “correctamente”, los trámites, las rúbricas… A veces no importa tanto quién eres, sino el rol que ocupas.
Y ahí es donde, sin darme cuenta, aparece Max Weber sentado a mi lado.
En mi día a día, ese dilema se traduce en preguntas más pequeñas pero igual de reales: ¿hago esto porque es lo correcto para mí o porque “es lo que toca”?, ¿estoy aprendiendo o simplemente cumpliendo?.
He aprendido que la burocracia es necesaria, pero no puede ser el corazón de una organización… ni de una vida. Necesitamos normas, sí. Pero también necesitamos humanidad. Y cuando eso se pierde, el sistema sigue funcionando, pero las personas se apagan un poco por dentro.


Comentarios
Publicar un comentario