Las personas que me inspiran, no mandan: acompañan
Si pienso en las personas que más han marcado mi forma de ver el mundo (profesores, familiares, amigos, incluso compañeros) ninguna de ellas lideraba imponiendo. Ninguna gritaba más alto. Ninguna necesitaba recordarte constantemente quién tenía el poder.
Y ahí entendí de verdad qué es el liderazgo transformacional.
Hay personas que, sin darse cuenta, te hacen querer ser mejor. No porque te exijan, sino porque te inspiran. Te hablan de futuro, confían en ti cuando tú todavía dudas, y te hacen sentir que lo que haces importa de verdad. Eso es motivación inspiradora. Eso es carisma del bueno.
En mi vida cotidiana, ese liderazgo aparece cuando alguien me escucha de verdad, cuando no se limita a corregirme sino que me hace pensar, cuando me anima a cuestionar lo establecido y no me castiga por equivocarme. Ahí está la estimulación intelectual de la que habla Bass. Ahí está la consideración individualizada: sentir que no eres un número más.
Como futura pedagoga (o como persona que quiere trabajar con otros), este modelo me interpela muchísimo. Porque me obliga a mirarme y preguntarme: ¿Cómo quiero influir en los demás?, ¿desde el miedo o desde la confianza?.
Kofman y Collins lo explican de forma brutalmente clara: liderar no es brillar, es servir. Tener voluntad para no rendirte, pero también humildad para escuchar y rectificar. Y eso, sinceramente, es una de las cosas más difíciles de aprender.
Me quedo con una idea que atraviesa todo el tema: nuestra misión no es “hacer bien nuestro trabajo”, sino ayudar a otros a aprender y crecer. Cuando alguien hace eso contigo, te transforma. Y eso ya no se olvida nunca.



Comentarios
Publicar un comentario